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Radiografía del fracaso escolar

Radiografía del fracaso escolar

El artículo pretende realizar una radiografía del fenómeno del fracaso escolar a partir del análisis esbozado de los factores que correlacionan y explican su ocurrencia. Además de describir los rasgos característicos de estos factores, anima hacia estrategias y medidas que redundarían en una disminución de su aparición y y una mejora de los entornos escolares.

Autoría:
David Sánchez Garrido
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El dar una oportunidad para hacer reflexiones sobre la educación y tambien aportar experiencias, me parece estupendo. Antes de decidirme a dejar aqui mi humilde aportación, fruto de 36 años de profesor y unos 12 como alumno, he mirado las secciones que conforman vuestro blog o página, no sé exactamente que es, pero eso es irrelevante.
Soy muy pesimista sobre la posibilidad de una mejora significativa en la educación porque he vivido su evolucion desde 1975 hasta ahora. Elogio los efuerzos del profesorado honesto, pero es una lucha contra molinos de viento... justa y buena pero inutil, pues tenemos en contra nada menos que la realidad.
La inmensa mayoria de los apartados que proponeis estan sobrando, pues todo lo que sea simplificar el trabajo y dedicar el máximo de horas a la docencia directa es poco. El dejarse atrapar en una espiral de proyectos y burocarcia no hace sino perjudicar nuestro trabajo, el ser conscientes de esto y no aceptarlo es el primer paso para mejorar.
La calidad de la enseñanza es algo que no preocupa en absoluto a nuestra administracion y mucho al profesorado, la borágine de planes y actuaciones que urden nuestros gobernante no están ni mucho menos encaminados a mejorar la formación de nuestros alumnos, sino a justificar sus inutiles cargos y sus emolumentos, y si no es así ¿a que viene que en los ultimos 30 años hayamos tenido 6 planes educatativos inconclusos?, sin una ley de financiación como sucedio con la LOGSE.
Las cosas estan claras, el fracaso escolar es la consecuencia de la importancia cultural y social que cada pais da a la educación y al profesorado, esa es muy poca en España y aun menor en Andalucia, donde yo ejerzo aún. ¿Qué podemos esperar de una sociedad que considera a los profesores unos privilegiados que trabajan poco y tienen muchas vacaciones? o de unos gobernantes que nos utilizan para manipularnos ideologicamente a traves de inspectores que mas parecen comisarios políticos que otra cosa.
A veces queriendo arreglar las cosas no hacemos sino empeorarlas cada vez mas. Diluimos nuetro tiempo en cosas inutiles. Realmente solo tenemos tres clase de alumnos: los que siguen el ritmo de la clase, los que van retrasados y los que necesitan más nivel. Eso siempre ha sido así y siempre será. con que dejen a cada centro que haga planes para la recuperación de los retrasados y para ampliar los conocimientos de los más capacitados. Dejemonos ya de tanto plan y teminología, y de tanta intervención de los que solo conocen la teoria que nos estan llevando sin remedio al fracaso más abosluto. Esperemos que eso no sea su objetivo. BUENAS NOCHES.

 
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"Tras unos días de dilema entre las postura de responder o no a tu mensaje, Valentín, finalmente me animo, sobre todo pensando en el colectivo docente que no lleva los años que tú y yo tenemos en la docencia. Aunque tú me ganas, yo estoy ya muy cerca de las tres decenas, lo cual también me confiere cierta experiencia en este hermoso arte de la educación. De todas formas esto es relativo, he visto a docentes jóvenes con la sabiduría de los maestros de toda la vida y docentes "menos" jóvenes que no aceptan aún el rol de educador.

Primero, aún estando de acuerdo contigo en que cambian con demasiada frecuencia aspectos del sistema educativo y que hace falta financiar aún mejor las leyes, también me parece evidente que hay demasiado profesorado que, de los 30 años en los que se ha variado las leyes educativas fruto de cambios sociales y culturales de mucha envergadura, no han modificado en nada su metodología y modelo de enseñar. Muchos de ellos dicen que los cambios de las leyes sólo representan "el mismo perro, pero con distinto collar". En algunos casos, afortunadamente cada vez menos, la cosa radica más bien, en que se desea "poner el mismo bozal al perro", ignorando que el chucho (la sociedad, el alumnado, los perfiles profesionales, la economía...) ha cambiado, y mucho. A ningún médico se le ocurre decir que no necesitan actualización, formación y cambios en su método de trabajo, porque saben que hasta el común virus de la gripe muta cada año haciendo inútiles las vacunas. De la misma forma, los docentes hemos de vivir en continua actualización. Por supuesto que podemos mostrar nuestras posturas contrarias y sugerir propuestas. Esto es bueno y catártico, pero huyendo de "instalarnos en la queja" que nos lleva irremisiblemente a un callejón sin salida (síndrome burning) que no sólo no es útil para el alumnado, tampoco lo es para nosotros mismos.

Segundo. Sobre la sobreabundancia de planes y proyectos, estoy de acuerdo contigo. Aún así, no lo veo tan negativo si cada centro aprende a adoptar como propios sólo los que le sirvan para desarrollar su proyecto educativo de centro y desde la autonomía pedagógica que defiende la LOE y La LEA. Conozco a centros de zonas marginales donde es gracias a este tipo de programas como han conseguido cambiar las dinámicas con unas mejoras sustanciales que se traducen en mejorías del alumnado, del clima de centro y en una bajada del fracaso escolar evidente. El problema ha sido el que muchos centros, para conseguir financiación y no movidos primordialmente por la eficiencia educativa y pedagógica, susrcribían cualquier plan o programa que se les ofertase en la época de las "vacas gordas". Así, hubo centros con cinco o más programas, cada uno con su coordinafdor o coordinadora (pero que no se coordinaban entre sí), creándose una demanda innecesaria de tareas al profesorado, que no daba abasto. De ahí al importancia de generar un proyecto educativo de centro real que economice los recursos existentes y deje suficicnte tiempo al profesorado para desempeñar la parte nuclear de su cometido. Sin embargo, reitero, no sólo es posible sino deseable conbinar la impartición académica de clase de las áreas con ámbitos como la convivencia, la igualdad, las TICs,etcétera. Hay muchos ejemplos que así lo demuestran.

Por último, comento este párrafo tuyo... "Dejemonos ya de tanto plan y teminología, y de tanta intervención de los que solo conocen la teoria que nos estan llevando sin remedio al fracaso más abosluto. Esperemos que eso no sea su objetivo".
Supongo que no se referirá a mí como autor del artículo. En la actualidad trabajo en el Gabinete de Convivencia de la Delegación de Málaga, pero me anteceden más de decenas de trabajo en colegios e institutos (enseñando matemáticas, preferentemenete). Aunque soy pedagogo, creo haber usado una terminología acorde a la formación básica de cualquier docente, en caso contrario, pido disculpas y muestro mi disposición a explicar cualquier apartado que resulte engorroso de entender. Tampoco me siento aludido en cuanto a que soy sólo un teórico. Llevo dando clases desde 1982, sobre todo matemáticas y ciencias de la naturaleza, también en educación infantil y primaria, y siendo tutor de grupos de alumnado de 1º y 2º de la ESO. Todo cuanto escribo se basa en mi conocimiento de la práctica educativa y, si por ejemplo, alguno de los argumentos de los que menciono que guardan correlación con el fracaso escolar, no los ves fundamentado, me lo dices que te envío información y estudios que lo avalan. Responder a críticas a la "totalidad" ya me cuesta más trabajo.
No voy a referirme, por pudor, a algunas aportaciones reales con las que justificar mi artículo, pero, sí que puedo afirmar a estas alturas que, existe un alumnado que tituló en parte, gracias a mi colaboración. Y te aseguro que la forma de lograrlo va más allá de las típicas actividades de recuperación o de la repetición de curso. Y es que el problema del fracaso escolar es más complejo de lo que imaginamos porque entran en juego múltiples factores que mediatizan el aprendizaje. y cuandom perdemos el tiempo realmente, es cuando nos dedicamos a culpabilizarnos los unos a los otros de todo (al profesorado, a la familia, a la sociedad o a la administración). Ante esta realidad tenemos dos caminos: uno, mirar para otro lado echando las culpas exclusicamente a algunos de demás agentes; o denunciar la situación sin dejar de mejorar como docentes trabajando en equipo, mejorando la convivencia, variando las metodologías o centrando el trabajo en las competencias básicas, por ejemplo. Esto es en resumen lo que pretendía trasladar a los lectores de esta revista que trata, muy dignamente por cierto, eso mismo, de ofrecer espacios de reflexió e intercambio de experiencias y mejoras. El mismo objetivo que me mueve a mí.
Un cariñoso saludo, compañero·

 
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Valentín, muchas gracias por tu aportación. Significa mucho para los que trabajamos en esta revista. No obstante, en relación a tu pesimismo, sobrada y lamentablemente justificado, quisiera hacerte la siguiente observación: es cierto que muchas veces nuestra tarea es una lucha continua contra molinos de viento, en estos tiempos aerogeneradores (si Don Quijote levantase la cabeza...) y que la historia reciente de la docencia en este país, la cual has vivido en primera línea, no hace más que ratificar esas continuas batallas. También es cierto que debemos concentrar nuestros esfuerzos en una incidencia directa y efectiva con el alumnado, para lograr que los que siguen el ritmo lo mantengan (incluso lo eleven), que los que se retrasan se acerquen a los anteriores y por que quienes necesitan más nivel lleguen a convencerse de que lo pueden adquirir.
Al igual que el autor del artículo, opino que debemos esforzarnos por sacar de la bolsa del fracaso escolar al máximo número posible de alumnos, y esto muchas veces requiere además una intervención previa que nos permita dotarnos de las herramientas eficaces y oportunas para cada ocasión (y para cada alumno). No se trata de caer en las redes de la burocracia, sino de crear y proyectar juntos a partir de los resultados de nuestra propia práctica docente, aun corriendo el riesgo de que se diluyan nuestras fuerzas (ojo, que los riesgos se pueden superar).
Por supuesto que la realidad está ahí, pero si tirásemos la toalla (yo algunas veces me permito el lujo de volearla y que roce un poco el suelo...) entonces sí es verdad que perderíamos la guerra. Y siempre hay mucho que ganar.
Un cordial saludo.